domingo, 13 de noviembre de 2011

Y YO, ¿QUÉ HAGO POR MÉXICO?

¿Y Yo, qué hago por México?

Todos los días escucho en la televisión, en el radio, en las pláticas familiares o de amigos, quejas de los diferentes problemas que nos agobian. Que si la inseguridad, que si la corrupción, que si la falta de empleo, que si los bajos salarios y el bajo ingreso, que si los impuestos, etcétera. Y el común denominador es que siempre estamos esperando que alguien más resuelva todos esos problemas, porque ninguno de nosotros se siente responsable de ellos, ni con la capacidad de hacer algo para remediarlos.

Un gran número de personas dice que Calderón es el responsable de las 40 mil, 50 mil o lo que se acumule, de muertos por su estúpida guerra contra el narcotráfico. Todo mundo dice que Calderón es un inepto porque nunca cumplió su promesa de campaña de ser el Presidente del empleo. Todo mundo dice que Calderón es un irresponsable porque la economía del país está por los suelos, y casi casi él también tiene la culpa de que Grecia esté al borde de la bancarrota.

En términos generales siempre ponemos nuestras esperanzas en que los políticos algún día cambien y que entonces éste país se convierta en la fallida promesa de los 70’s de ser un país del primer mundo.

Efectivamente, los políticos de este país nos tienen en una situación muy complicada, muy triste, muy desesperante, pero creo firmemente que ellos no son la respuesta. Más bien yo creo que ellos son la consecuencia.

Y entonces ¿quién podrá defendernos? … ¡¡¡PUES YO!!! … ¡¡¡Y TÚ!!! … ¡¡¡Y CADA UNO DE NOSOTROS DESDE NUESTRA PROPIA TRINCHERA!!!

En verdad se han preguntado … ¿y Yo, qué hago por México?

El tema es muy amplio para su desarrollo, así que lo voy a ir abordando poco a poco en cada entrega, espero que mi punto de vista le resulte interesante a algunas personas, y que ojalá y sirva para desperezar algunas conciencias para lograr aunque sea un pequeño cambio en nuestra sociedad.

Entiendo que habrá gente que no esté de acuerdo conmigo, y eso es parte de lo interesante del asunto, ojalá y esas personas se animaran a exponer sus propias ideas y que cada uno de nosotros fuera conformando su propio criterio a partir de cachitos y cachitos, siempre pensando en lograr una mejor forma de vivir para todos. Ojalá tengamos siempre en mente que a partir del esfuerzo individual se puede alcanzar el bienestar colectivo, porque a fin de cuentas, vivimos todos “juntos y en bola”, así que lo que afecta (positiva o negativamente) a unos, nos afecta a todos en mayor o menor medida.

Como mencionaba al principio, muchos esperamos que sean los políticos y las autoridades quienes resuelvan los problemas, pues bien, qué tal si empieza cada uno de nosotros por pequeñas acciones.

Qué tal si empezamos por ejemplo por … mmmmm … ¡un día sin claxon!

Debo confesar que, si bien no soy adicto al claxon, si tengo la mano muy pronta para tocarlo.

El hecho en sí mismo de no tocar el claxon no va a cambiar nada (o quien sabe), lo que si implica es que seamos más tolerantes. Tolerantes con el “viejito” que va delante de nosotros y que ya no tiene los mismos reflejos que antes (ojalá y yo llegue a la edad de ese “viejito” y aún pueda manejar, no importa que me toquen el claxon), tolerantes con el que no lleva prisa y se tarda 10 décimas de segundo en pisar el acelerador (claro que si yo llevo prisa no es por culpa del que sí se levantó temprano para llegar con tiempo a su cita), tolerante con el que está un poco distraído y se tardó en darse cuenta que ya está “el verde”, en fin, no tocar el claxon nos ayudaría a ser más tolerantes.

Y ser tolerantes es una actitud ante la vida, ante los errores y fracasos propios y de los demás.

Qué tal si empezamos por ejemplo por … mmmmm … ¡no pasarnos el alto!

Eso sí no lo hago yo. Suelo ser muy respetuoso de las señales de tránsito aun y cuando no esté de acuerdo con ellas. ¿Para qué me arriesgo a chocar con el que tiene la preferencia de paso?, ¿pierdo mucho si me espero 2 minutos a que me toque el siga?, puedo perder mucho más que eso si choco con alguien por mi irresponsabilidad.

En general esto se trata de respetar las leyes y reglamentos, insisto, aunque no esté de acuerdo con ellos.

No pasarme el alto, no dar vuelta en lugar prohibido, no estacionarme en lugar prohibido, no recoger al chamaco que sale de la escuela en doble y hasta triple fila, no exceder el límite de velocidad, no conducir agresivamente, no hacerle la parada al pasaje en donde no esté permitido, no bloquear la entrada a la cochera del vecino, no hablar por celular mientras conduzco, no llevar el radio tan alto que el fulano que está a 5 coches de distancia puede tararear la canción.

Yo creo que aquí hay implícitos dos valores, respeto y responsabilidad.

Respeto a las leyes y responsabilidad ante mis actos, porque ¿qué es lo primero que sucede si choco? … ah, el otro tuvo la culpa, el otro se pasó el alto, el otro no me vio que venía circulando, es decir, evado mi responsabilidad. Todo por no haber respetado una regla muy simple.

¿En verdad es tan difícil no pasarse un alto?, ¿implica un esfuerzo tan enorme que si no me paso el alto me voy a morir, me va a doler el estómago, me dan ganas de ir al baño? … la verdad no lo entiendo.

Yo creo que el origen de esto es que nos hemos acostumbrado a hacer lo que nos venga en gana, y ante el vacío de autoridad que existe en el país, pues me vale gorro lo que los demás piensen. Pero ya es hora de pensar en que esas sencillas reglas de convivencia nos permiten vivir de mejor manera, además de que me evitan tener que discutir con un agente de tránsito troglodita, que al final va a imponer su ley (ojo, no La Ley, sino su ley), así que ¿para qué me arriesgo?, ¿para qué tengo que pagar una multa? ¿para qué tengo que pagar una mordida? … mejor me abstengo de provocar una situación en la que invariablemente voy a perder y me limito a respetar el reglamento.

Bueno, por esta vez hasta aquí lo voy a dejar, prometo seguir desarrollando mis ideas y ojalá a alguien lo lleve a reflexionar un poco de porqué el país está como está, y ojalá que nos sentemos a reflexionar …

¿Y Yo, qué hago por México?